Proyectos Con Futuro

El 4 de julio de este año tuvo lugar la primera marcha en contra de la gentrificación en la Ciudad de México. Un acto que puso los reflectores en una crisis que se ha intensificado de forma acelerada en los últimos años y que sigue agravándose. Según El Economista, el precio promedio de renta mensual en la CDMX incrementó 45,7 por ciento entre 2020 y 2025.
Por su parte, un análisis del portal inmobiliario Lamudi reveló que, en 2024, en nueve de las trece alcaldías de la ciudad, los trabajadores necesitaban al menos dos salarios mínimos generales para pagar la renta promedio. Esta situación ha obligado a muchas personas, sobre todo jóvenes, a mudarse a las periferias para poder acceder a una vivienda.

Fotos: Lucía Santacruz del Valle. Primera Protesta Anti Gentrificación en la CDMX (4 de julio, 2025)
Las cooperativas de vivienda se perfilan como una alternativa capaz de contrarrestar la gentrificación en ciudades como Montevideo y Nueva York. Basadas en principios de autoayuda, equidad y control democrático, parten de la idea de que la vivienda es un derecho colectivo y no un bien especulativo. Su objetivo es asegurar un techo a largo plazo y evitar los desplazamientos que suelen acompañar la “renovación” de los barrios. Este modelo desafía el mercado inmobiliario tradicional, donde la propiedad se concibe como una inversión destinada a generar ganancias. Al unir el poder adquisitivo de varias personas, la compra de un inmueble se vuelve más accesible; y, al estar regidas de manera democrática, las cooperativas fomentan que los habitantes participen en las decisiones que definen su forma de vivir. Además, fortalecen el tejido social, pues se sostienen en la solidaridad y la participación activa de sus miembros.
En Nueva York, por ejemplo, se ha visto que los residentes de las cooperativas asequibles son quienes han defendido los jardines comunitarios frente a las presiones de las grandes inmobiliarias. En Uruguay, la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM) promueve un modelo basado en la ayuda mutua, la solidaridad, el compromiso y la participación, en contraposición a un sistema que fomenta el individualismo.
En la ciudad de Nueva York, las cooperativas de capital limitado (Housing Development Corporation Funds) —donde el precio de venta de los departamentos está controlado— surgieron durante la crisis de vivienda de los años 70, cuando los vecinos se organizaron para vivir en edificios abandonados por sus propietarios. Estas cooperativas se crearon de la mano del gobierno y legalmente se consideran como corporaciones donde los residentes se vuelven socios al comprar un departamento o acción. Así, tienen acceso a préstamos gubernamentales de bajo interés y acompañamiento de organizaciones como el Urban Homesteading Assistance Board, creado específicamente para ayudar a la gestión de cooperativas saludables.
En una ciudad tan cara como Nueva York, este modelo ha permitido que alrededor de 25 mil familias de bajos ingresos puedan vivir en diferentes zonas de la ciudad, incluso en aquellas más expuestas a la gentrificación.
En México, las cooperativas de vivienda podrían ser esenciales para combatir las crisis habitacionales actuales y garantizar acceso a vivienda digna en zonas céntricas, permitiendo además que los propios habitantes participen en el diseño, la construcción y el mejoramiento de sus hogares. En la Ciudad de México ya existen grupos organizados que buscan impulsar cooperativas, pero enfrentan dificultades por la falta de un marco legal claro y de respaldo institucional, así como de profesionales que atiendan las necesidades específicas de los cooperativistas. Idealmente estos proyectos podrían acceder a fondos públicos, como los del Instituto de Vivienda (INVI).
Las experiencias de Uruguay y Nueva York muestran que, para que las cooperativas de vivienda prosperen, es indispensable un marco legal adecuado, apoyo del gobierno y la sociedad civil. Sobre todo, personas organizadas dispuestas a vivir y trabajar en comunidad. El cooperativismo ya existe en México y, con el respaldo adecuado, las cooperativas de vivienda podrían lograr que miles de personas adquieran y mantengan un hogar digno y bello. Este modelo no solo atiende una necesidad urgente, sino que también puede ser esencial para crear ciudades más solidarias y contrarrestar el aislamiento que ha crecido en muchas grandes metrópolis.


